LECTURAS DE LA PRIMAVERA 2026
La primavera de este año llegó con un ímpetu exagerado. Llovió casi más que en invierno, pero, cuando hizo calor, hizo mucho calor. Con la resaca de unas Fallas espectaculares, nos lanzamos a las calles en las procesiones de Semana Santa; el mar estuvo en calma y cristalino la mayoría de los días y me di unos baños maravillosos… Las tardes se fueron comiendo la oscuridad y las terrazas se llenaron de conversaciones y risas. Las flores de esta estación me encantan: tulipanes, narcisos, peonías, amapolas… El colorido es variado y vibrante. Pero las guerras siguen. Vivimos un momento histórico muy lamentable. A la vez que Estados Unidos manda una nave a la luna, hay bombas estallando en nuestro continente, y en el de enfrente también; la IA ha avanza a pasos agigantados, pero hay más virus letales que hace unos años… Violencia, vidas destruidas por egos desmesurados, indiferencia, frialdad, ignorancia… Con lo bien que nos vendría vivir en paz, no sé por qué motivo hay tantos dirigentes de países empeñados en darnos esta mala vida. No sé qué es peor si su poca conciencia o nuestra apatía…
Y después de este pataleo que no he podido evitar, vamos a hablar de novelas, ese balón de oxígeno, esa ventana abierta al autoconocimiento, la evasión que nos ayudará a sobrellevar tanto desatino absurdo. Porque la primavera llegó cargada de presentaciones y momentazos literarios.
De la Feria del Libro de Valencia, salí cada día con una bolsa repleta de títulos interesantes. Unas historias fui yo a buscarlas, pero otras me buscaron a mí. Aquí os dejo una lista tan variada como apasionante.
-Cuatro muñecas rusas, de Enrique Vaqué. Se trata de una novela, muy distraída y bien hilada, que aborda la caída de un banco valenciano emblemático y la llegada de la mafia rusa a nuestras costas. Me interesó tanto que la leí en tres días. Creo que habrá una nueva historia protagonizada por Pablo Sanchiz Calduch y seguro que también la leeré.
-El novio, de Freida McFadden. Una entrega más de esta prolífica escritora de la que ya me he declarado fan en otras ocasiones. Leo todo lo que publica. Eso es un riesgo, sí, podría no estar a la altura… Pero el caso es que lo está. Me engancha y me distrae. Mantiene los giros inesperados, aunque es menos sorpresiva que otras de sus historias.
-La capitana, de Susana Martín Gijón. Magnífica novela histórica inspirada en la Granada del siglo XVI. Un convento, secretos, venganzas… Está tan bien ambientada que parece que la autora estuvo allí.
-El amo. De Santiago Díaz. De nuevo, Jotadé nos llevará al límite en este thriller que es como ese guiso que siempre te apetece, te comes con ansia y te deja buen sabor.
-La teniente de ayas, de Olga Luján. Extraordinaria novela histórica basada en un personaje real: una teniente de ayas de la corte de los Borbones durante el siglo XIX. Gracias a esta mujer, adelantada a su época, nos codearemos con reyes, infantes, bandoleros y todo tipo de personajes de diferente pelaje, cargados de sentimientos y emociones que Olga nos hará compartir. El final es de diez.
-Hamnet, de Maggie O’Farrell. Es una ficción biográfica que recrea la vida familiar de William Shakespeare. Intimista y de gran profundidad psicológica, combina los momentos más duros de sus vidas con otros dulces y emotivos.
-El Aleph valenciano, de Vicente Gorgues. Estupendo libro que recoge el paso por Valencia de escritores tan interesantes como Cervantes, Lope de Vega, Unamuno, Antonio Machado, Emilia Pardo Bazán, García Lorca o Hemingway, entre otros, en un momento vital de nuestra historia. El autor ha realizado una impresionante labor de documentación para poder trasladarnos unas anécdotas tan interesantes como desconocidas para muchos. De lectura obligatoria para idólatras, amantes de la literatura o, sencillamente, de la ciudad de Valencia. Disfruté como una niña paseando por la calle de la Paz de la mano de Hemingway, por Pascual y Genís de la de Lorca o asistiendo al teatro Principal junto a María Moliner.
-El librero de Gaza, de Rachid Benzine. Lo cogí a ciegas porque me lo recomendó Carmen Villafuertes, que nunca falla. En los países en guerra, también hay libreros, y libros, y ciudadanos que prefieren leer a pelear.
-Lo que la tierra calla, de Iván Baeza. Thriller que colé en la pila de libros que tenía sobre la mesilla porque me intrigó. Y cumplió las expectativas. Se trata de una historia brutal que se desarrolla en un pueblo del interior. Novela negra de verdad.
-La mala costumbre, de Alana S. Portero. No hay palabras para describir esta novela. Es dura, pero real, y de una ternura conmovedora. Alana es de esas escritoras que con una frase descubre un mundo, con un adjetivo abre la caja de los truenos; lanza dardos que siempre dan en el centro de la diana. Sencillamente, espectacular e imprescindible. Los premios que ha cosechado son muy merecidos. Abstenerse los timoratos.
-Apegos feroces, de Vivian Gornick. Una madre y su hija pasean por Nueva York al tiempo que transitan por los sentimientos esenciales del ser humano y por las relaciones que se entablan a lo largo de una vida. De gran hondura psicológica, refleja muy bien que las relaciones materno filiales pueden ser como una rosaleda: hay flores hermosas, pero también hay espinas. Las heridas de cada persona condicionan su capacidad de entrega y eso provocará nuevas heridas que además generan culpa. Muy interesante para los amantes de los comportamientos humanos.
-Bailando lo quitao, de Ana Milán. Tengo que reconocer que tuve mis reservas, pero su fabulosa encuadernación me hizo decidirme: en tela, color rojo sangre, con las letras en plata y un marcapáginas de cinta… Hay melancolía, miradas atrás, humor sarcástico y una idea central: hay que exprimir la vida. Se lee en nada.
-Las gratitudes, de Delphine de Vigan. Una novela dulce y amarga a la vez. Pone en valor la necesidad de saldar las deudas morales antes de que sea demasiado tarde.
-El lector dela tabaquería, de Susana Vidal. Los amantes de Jane Eyre van a disfrutar con esta historia, de mucha calidad narrativa, que te lleva desde Asturias a Cuba, con billete de ida y vuelta. Me gustó muchísimo.
-Juanita Banana, de Cristina Tamarit. Conocí a la autora en la feria del libro por casualidad. La novela transcurre en la Valencia de los años ochenta. Narra de forma muy cruda, a ratos desgarradora y muy explícita, las vicisitudes de una adolescente, madre soltera, que, por circunstancias, se verá rodeada de prostitutas y camellos. El final es sorpresivo.
-Qué hacer cuando no tienes ganas, de Vigela Lloret. Libro motivacional en el que, de la mano de la autora, conoceremos las herramientas para recuperar la ilusión cuando se ha perdido. Hasta el que se cree más lejos de asomarse a un abismo puede necesitar este libro en cualquier momento. Vigela sabe mucho de eso.
-Caos II. La templanza del emperador, de Gregorio Muelas. Una novela increíblemente bien documentada que recoge las batallas que libraron Constantino y Licinio en el siglo IV. Me pasma el dominio que Gregorio tiene del Imperio romano y con qué habilidad reconstruye la vida de sus ciudadanos. Para mí, es el nuevo Posteguillo.
-Querida Debbie, de Freida McFadden. Con esta historia me reencuentro con la mejor McFadden y disfruto de principio a fin. Sé que hay gente que duda de su calidad literaria, pero a mí me lleva a leer sin parar. ¿Qué más se puede pedir?
Espero que encontréis títulos atractivos para este verano y que los disfrutéis tanto como yo!!

