¿Estamos ante un buen momento para algo?
Es cierto que estamos viviendo un momento muy duro. Hay mucha gente que está sufriendo enormemente y eso no se puede obviar. Ver un telediario, de principio a fin, requiere de un estómago a prueba de bombas. Cuando te encuentras a alguien con un familiar enfermo, un escalofrío te recorre la espalda. ¿Se recuperará?, ¿le quedarán secuelas? Mañana podrías ser tú. Más que antes, se está recurriendo a una ayuda psicológica e, incluso, a ciertos fármacos, porque el miedo y la ansiedad nos abruman.
Es evidente que el coronavirus, además de enfermarnos físicamente, también nos está carcomiendo el alma: nos estamos enfrentando unos con otros, se viven escenas impensables hasta hace nada; la gente está alterada, no se toleran las formas de pensar diferentes…
A mí me parece muy peligroso dividir a la población en dos bandos, eliminar la libertad de expresión, recortar las libertades ganadas durante años… Todo el mundo se cree con derecho a opinar y juzgar lo que hace el vecino. Ya lo sufrimos en España en el año 36; después, en Europa ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial. Pero es que en el mismo siglo lo sufrieron en Colombia, Vietnam, Guatemala, Sudán, Angola, El Salvador…, por no hablar de lo que ha acontecido hace solo unos meses en Armenia… ¡Qué manía tiene el ser humano de restar en lugar de sumar, de dividir en lugar de multiplicar!
Y yo me pregunto: ¿no podríamos dar un vuelco a esta situación y sacar algo bueno de ella? Quizá es el momento de explorar nuestras habilidades, de disfrutar de nuevas aficiones, de aprovechar mejor nuestro tiempo para limpiar las telarañas del espíritu y sacar brillo a nuestro interior.
Hay días en los que el cielo amanece cubierto por nubes y la humedad se apodera de las calles, eso es así; pero, la mayoría de las veces, luce un sol radiante, un cielo brillante que nos empeñamos en emborronar. Arranquémonos pues esa negatividad que nos tiñe de gris y esforcémonos por disfrutar de lo bueno que tenemos, que es mucho. La vida, ya en sí misma, es una bendición irrepetible. No se puede desperdiciar un solo día, porque no sabemos cuántos más habrá; ni desaprovechar las posibilidades de relacionarnos con las personas a las que queremos, de la forma que se pueda, porque la certeza de que vaya a haber otras ocasiones no existe.
Hay que salir de este remolino como sea. Si es necesario evitar a la gente negativa, no lo dudemos, apartémosla de nuestro camino por un tiempo. Para avanzar hay que poner la vista en el futuro, en lo que está por venir, y dar un paso detrás de otro henchidos de valor. Cierto es que donde pones el pensamiento también pones la energía; luego, no nos dejemos arrastrar por los malos augurios, por los malos pensamientos, por los miedos…, porque solo nos servirán para emponzoñarnos, para ponernos trabas en un camino que ya es de por sí complicado. Lo de ponernos la zancadilla a nosotras mismas es una actitud muy de mujeres que habría que desterrar ya de una vez. Podemos superar este periodo tan convulso e incierto con confianza, con unión y positividad, fomentando la resiliencia y el autocontrol, disfrutando de las cosas que nos satisfacen, demostrando el cariño y el agradecimiento que sentimos…
Los meses van pasando, el coronavirus va perdiendo fuerza, y nosotros vamos a sobrevivir a toda esta locura. Venceremos esta batalla, superaremos esta situación y llegarán tiempos mejores, pero los que lo hayan hecho con optimismo alcanzarán la meta en mejores condiciones, preparados, además, para cualquier otro envite de la vida con la tranquilidad de haber mantenido el control de la situación y con la satisfacción de que somos los autores de nuestra biografía.
¡Ánimo, ya queda menos!

