Llegó la ansiada primavera. Atrás quedaron los días grises, los anocheceres tempranos, los remolinos de viento, las tormentas que invadían el día de la mañana a la noche… Hemos visto florecer las plantas, los días se alargaban; hemos dado paseos bajo una buena temperatura y disfrutado de las terrazas; leído por puro placer y no porque nos viéramos obligados a pasar más tiempo en casa.
Bueno, pues ahí va la recomendación de las lecturas que yo más he disfrutado durante esta apasionante estación que, año tras año, nos levanta el ánimo sin proponérselo.
-Sira, de María Dueñas.
Me ha gustado todo: la historia, la ambientación, los lugares, el vocabulario que la autora escoge, el dominio de la sintaxis… He disfrutado con su lectura y me he vuelto a encariñar con Sira Bonnard, antes Sira Quiroga o Arish Agoriuq, mujer versátil y decidida que recorre el mundo como a todas nos gustaría: pisando fuerte y viviendo una aventura tras otra. Como soy mitómana por naturaleza, me encantó la aparición de personajes como Eva Perón o Barbara Hutton, aunque este último en realidad pasase de puntillas por las páginas y no fuera realmente un personaje de la novela, sino una sombra que le da relumbre. El final es predecible, pero a mí, una romántica empedernida, no me viene mal.
-Las hijas del capitán, de María Dueñas.
La recomiendo por los mismos motivos que la anterior, amén de tres hermanas con una personalidad desbordante. Esta vez los personajes reales que aparecen son el rey Alfonso xiii y Xavier Cugat. Me encanta esa mezcla de realidad y ficción en la que supongo que los autores se permiten no pocas licencias a la hora de recrear las escenas, y valoro el trabajo de investigación y documentación que realizan. También agradezco a la autora esos personajes femeninos, adelantados a su tiempo, que tienen garra y arrojo y demuestran que en aquellos tiempos, año 1936, las mujeres ocupaban un lugar tan equivocado como inmerecido.
-Biografía de la luz, de Pablo d’Ors.
Libro que desmenuza los evangelios. Plantea preguntas y ofrece respuestas. Lo recomiendo para los que creen y para los que no. El punto de vista de este autor siempre me resulta interesante. No en vano, a mí me gustan las personas valientes que abandonan su zona de confort, siempre sinceras, directas e inteligentes, como, sin duda, lo es este autor.
-El infinito en un junco, de Irene Vallejo.
Se trata del ensayo del año. Hace un recorrido por la historia de la palabra escrita recogida en forma de libro desde tiempos inmemoriales con una dulzura y sensibilidad destacables. Aviva las ganas de escribir, de plasmar sentimientos y sensaciones, de jugar con las palabras y las frases, de leer con mayor frecuencia… Hay tanto por descubrir en las librerías y bibliotecas…
-Yámana, Tierra del fuego, de Emi Zanón.
Maravillosa historia que me provocó tal curiosidad que la cogí un miércoles por la noche y la terminé el viernes. Me fascinó descubrir un pueblo sabio, los yámana o yaganes, que habitó en el archipiélago fueguino, ajeno por completo a nuestra civilización y mundo ajetreado. Vivían en armonía con la naturaleza y sus sentimientos, contribuyendo a dar la razón a Rousseau cuando dijo: «El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe». Qué bien nos vendría hoy en día ponernos en sintonía con nuestro interior y dejarnos de tantas influencias externas absurdas.
Emi es una estupenda escritora, de la que me declaro fan incondicional, que plasma en sus novelas su enorme sabiduría vital con libertad y valor. Cuánto lamento que Kamanakar sea un personaje de ficción porque, con lo dada que yo soy a contactar con la gente, le hubiera enviado un mail interesándome por su peculiar forma de ver la vida. Aunque, viendo cómo vive y se comporta Emi, puedo hacerme una idea.
-El juramento de Tortosa, de Verónica Martínez Amat.
De nuevo traigo una novela de una escritora valiente que tiene un público fiel gracias a su propio esfuerzo y trabajo, sin el apoyo de un potente sello editorial. Al menos, hasta la fecha. Me ha encantado, está muy bien escrita. Verónica parece haber vivido en el medievo por cómo domina el lenguaje y los escenarios. La historia es apasionante, basada en una leyenda que la autora ha revivido sobre la Orden del Hacha. Me han entrado unas ganas enormes de viajar a Tortosa… Y de conocer a esas ocho mujeres tortosinas que, con su astucia y valor, consiguieron movilizar a la población femenina y defender Tortosa del invasor. Una hazaña increíble, si tenemos en cuenta que la historia transcurre en el siglo XII.
-Desaparecida en Siboney, de Rosario Raro.
Si tuviera que evaluar esta novela, le pondría un sobresaliente, pero redondo. Está maravillosamente escrita, la historia es apasionante, los personajes son sólidos, la temática, conmovedora, al menos para mí, y engancha desde el principio. He disfrutado muchísimo con la historia, con sus descripciones, personajes, frases lapidarias, que abundan en cada capítulo… Está perfectamente hilada y mantiene el interés hasta el final. Qué maravilla de historia, hay mucha sabiduría entre las líneas. Además, Rosario posee una enorme habilidad para hipnotizar al lector. Sin duda, este verano voy a leer sus otras novelas publicadas: Volver a Canfranc y La huella de una carta.
-El infiltrado, de Marta Querol.
Thriller de temática original que posee un ritmo de lectura muy ágil. Pese a que no soy muy aficionada a la literatura fantástica, me la leí en dos días porque me generó una curiosidad enorme. Hay mucha profundidad, un completo análisis del comportamiento humano. El protagonista, un recién llegado a un extraño pueblo, pacífico en exceso, haciendo gala de una mente malvada y maquiavélica, se dedica a tejer una telaraña en la que irán cayendo sus habitantes. Me sorprendió que una temática que, en principio, no me resultaba sugerente, me atrapara de la manera que lo hizo; y eso se debe a lo bien escrita y urdida que está la historia. Moraleja: para bien o para mal, cuando plantas una semilla termina creciendo. Así es el curso de la naturaleza.
Hasta la próxima. ¡Que disfrutéis del verano y de sus fructíferos ratos de lectura!

