Leer un poco de aquí y un poco de allí es como conocer a personas de ambientes diferentes, como reunirte con los amigos del colegio, de la Universidad o con tu vecina. Lo bueno de una biblioteca variada es que descubres puntos de vista opuestos que enriquecen el tuyo, que te soliviantan o te reafirman, pero siempre suman, nunca restan.
Leer es navegar en las aguas revueltas de un mar lejano, llegar a las entrañas de la bestia, beber un veneno que otro vierte en tu copa.
Escribir es todo lo contrario: bucear en tus sentimientos, en los pensamientos que ni siquiera sabías que tenías, excavar en lo más hondo de tu alma, rascar en la superficie del pericardio. Es aislarte del mundo entero para llegar a conocerlo mejor, para poder descubrirte a ti mismo; así como, también, a los que te rodean. No hay mejor forma de conocerse a uno mismo que intentando comprender a los demás. Pero es un ejercicio que nos cuesta hacer. Tendemos a creer que nuestro punto de vista es el acertado, que somos los que más sufrimos, los que merecemos mayor reconocimiento, apoyo, ayuda… Y ¿por qué nos pasa eso?
Si quieres descubrirlo, coge una novela y lee. Te aseguro que llegará una escena o una frase que te servirá la respuesta en bandeja. Esa es la magia de la literatura: la páginas funcionan como un espejo, como la superficie del lago, como el reflejo del mar… ¡Asómate!

