Comparte este post!

Share on facebook
Share on linkedin
Share on twitter
Share on email

 

Llamémoslo otoño o veroño, como queráis. Lo cierto es que el buen tiempo del verano se alargó y mis ganas de leer durante dicha estación, también. Y me lancé a devorar novelas policiacas o de intriga, cayeron como churros; y entre medias, intercalaba algo diferente.

—La Babilonia, 1580, de Susana Martín Gijón. Quienes me leéis sabéis que soy una admiradora declarada de esta escritora. He leído sus últimas cuatro novelas. En esta ocasión, Susana ha dejado descansar a Camino Vargas, la inspectora que protagoniza Progenie, Especie y Planeta, y se ha adentrado en una historia que es una mezcla de thriller y novela histórica. O novelón, podríamos decir, ya que está magistralmente escrita. Parece que la autora hubiera vivido en la Sevilla del siglo XVI. La ambientación es rigurosa, impecable. Y como siempre, consigue enganchar al lector y que este se encariñe con los protagonistas. Dará mucho que hablar.

—El buen padre, de Santiago Díaz. Con él me pasa como con Susana: no puedo parar de leerle. Fue terminar Las otras niñas y lanzarme a por Indira y El buen padre. Las tres son unas novelas policíacas de lo mejorcito: entretenidas, con miga, de las que cuando terminas un capítulo has mordido el anzuelo y necesitas más… Me declaro fan incondicional de la forma de escribir de Santiago. Si hay un club de fans, que me apunten, por favor. Y seguiré leyéndole. De hecho, ya tengo sobre la mesilla su primera novela, y me llama a gritos.

—Los números del elefante, de Jorge Díaz. Novela ambientada en el Brasil de los años sesenta. Un gallego se va a hacer las Américas y se ve arrollado por una serie de sucesos que no son lo que, precisamente, esperaba. El final es magnífico. Me han entrado unas ganas inmensas de viajar a Copacabana y pedirme una Caipiriña.

—Talión, de Santiago Díaz. Otra novela negra de este autor que me engancha, entretiene y me hace pasar tan buenos ratos. En esta ocasión, la protagonista es una periodista que no tiene nada que perder y, ya se sabe, quien no tiene nada que perder puede arriesgarlo todo. La recomiendo absolutamente porque quien la lea no arriesga nada, va a lo seguro, como siempre con este autor.

—Tu muerte es vida, de Laura Montesinos. Libro autobiográfico que me ha tocado mucho. Cuando con veinte años perdí a mi padre, buscando consuelo, leí Vida después de la vida, de Raymond Moody; pero, sin duda, me hubiera reconfortado más el relato de Laura. Admiro su valentía y sinceridad, su forma de encajar la vida y que haya abierto su corazón de par en par. Es un ejemplo.

—El corazón imprudente, de Carmen Amoraga. Magnífica novela que ahonda en las relaciones sentimentales como pocas veces he leído. Carmen es capaz de hacernos viajar con maestría y verosimilitud por la mente de los protagonistas, llevándonos a descubrir sus miedos, debilidades, frustraciones, anhelos o deseos con tal habilidad que llegamos a comprender dichos sentimientos aun cuando fluctúan de un párrafo al siguiente. ¡Imprescindible!

—Todas las horas del día, de Clara Fuertes. Basada en la vida de María Casares, la actriz de teatro exiliada a Francia, hija de Santiago Casares Quiroga (ministro y jefe de Gobierno de la Segunda República). Cuando a María le dan un premio, un periodista español se traslada a Francia a entrevistarla. La novela recoge la intensa relación sentimental que la actriz mantuvo con el archiconocido Albert Camus y el contenido de las cartas que se escribieron, obligados, en ocasiones, a vivir su relación en la distancia.

—La última mirada de Goya, de Javier Alandes. Otro novelón que me parece un buenísimo regalo para Navidad. O para cualquier momento del año. Basada en los últimos años de la vida de Francisco de Goya, desenmascara un misterio del que nunca había oído hablar, pero que me ha hecho estar pegada a las páginas, cada noche, durante varias horas seguidas. La trama mantiene la tensión hasta el final; los personajes son sólidos, cercanos, sin fisuras… Hay mucha novela histórica bien escrita, pero que se te hace eterna. No es el caso. Hay otras que, para impresionar al lector, introducen hechos que, en el fondo, te fastidian. Tampoco lo es. Esta es una historia interesante, muy bien escrita y construida, que te deja con buen sabor de boca y con ganas de más. Enhorabuena, Javier, has alcanzado un nivel al que muy pocos escritores llegan.

Y ahora me preparo para afrontar el frío invierno rodeada de otros títulos que se parecen bastante al dulce estrella de estas fiestas: el roscón; ya que vienen con una bonita presentación y con muchas sorpresas en su interior.

Feliz Navidad 2023!!

EXPLORAR MÁS

Libros

LECTURAS DE ESTOS ÚLTIMOS MESES

  El otoño llegó a Valencia de la mano de una antipática Dana que, desde el año 2024, nos encoge el corazón cada vez que