LECTURAS DEL INVIERNO 21-22

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En la estación más fría del año, en la que menos veces puedo meterme en el mar, me entrego a disfrutar de mis otras pasiones: leer y escribir. Con la situación que hemos tenido a nivel mundial, sin poder viajar ni casi hacer planes, aproveché las horas para vivir intensamente, para no perder ni un ápice de ilusión ni una oportunidad, sabedora de que la vida es maravillosa y no se puede desperdiciar. ¿Para qué lamentarnos de lo que nos pasa? Convirtámoslo en una gran oportunidad, disfrutemos de otras aficiones, demos la vuelta a la situación. Un poco de introspección, de soledad, de viajar entre las líneas seguro que nos hará crecer, ganar autoconocimiento, estabilidad, serenidad, cultura…

 

-Dayal, miradas al interior, de Emi Zanón. Inicié la temporada con un libro que recoge microrrelatos, a veces de tan solo un par de frases, que son un dardo que va directo al corazón. Destacaría muchos, pero me voy a quedar con el relato titulado «Inquilinos», por esos inquilinos que tenemos en nuestro propio ser y a los que, más de una vez, nos convendría desahuciar. Me ha recordado a mi admirado Tao te King, de Lao-Tse. Por cierto, que voy a releerlo, por cuarta vez, porque siempre aprendo algo nuevo de mí misma que me ayuda a mejorar.

-Últimos días en Berlín, de Paloma Sánchez Garnica. Maravillosa novela, de una de mis escritoras favoritas, que ha quedado finalista en el último premio Planeta por méritos propios. Bien ambientada y construida, se trata de una historia sólida que se lee con mucha fluidez. Es interesante de principio a fin. Lo único que lamento es que Krista, un personaje redondo, no viaje a Suiza cuando la guerra termina. Pese a tener más de seiscientas páginas, no se hace larga. Todo lo contrario: me dio pena terminarla.

-Spanish beauty, de Esther García LLovet. Historia que tiene una lectura tan ágil que no te dura más de dos días. Con Benidorm como escenario, refleja sus lugares y habitantes a la perfección, con acidez e ingenio. Me distrajo muchísimo y me arrancó más de una sonrisa, no en vano conozco bien Benidorm y sus rara avis.

-Los vencejos, de Fernando Aramburu. Novela psicológica que desmenuza los pormenores de las relaciones personales. No tiene una lectura ágil, porque es profunda, incisiva, a veces hiriente… A mí, que me gustan los personajes con grietas, me atrapó por las aristas que tienen el protagonista y su entorno. Hay personas que nacen con heridas que no sanan, y su vida es una procesión de errores, un baile de fracasos, rencores y cicatrices. La guinda fue el final: redondo.

-Invisible, de Eloy Moreno. Una vez más, Eloy capta la curiosidad del lector. La historia es un claro ejemplo de lo que sucede en muchos colegios, donde debería ser de lectura obligada para los cursos de adolescentes. No dudo que un niño que acosa es un niño acosado, pero, para mí, la verdadera víctima es el acosado que no acosa a nadie, ese niño sufre en silencio y no entiende. Miramos para otro lado, ¿por qué? ¿Solo hay un culpable? ¿Deberíamos juzgar también a los consentidores? No comparto que la violencia se venza con más violencia. La violencia se vence con Amor. Aunque cueste. Por cierto, que os confieso que yo me he hecho invisible varias veces. En las colas (supermercados, panaderías, grandes almacenes). Me causa perplejidad ver que, pese a lo alta que soy, no me ven, pero así es: con extrema decisión, personas de toda edad o condición que han llegado después que yo se aproximan al dependiente, ignorándome, y yo me digo: «María, ya lo has vuelto a hacer, ya te has hecho invisible». Aunque he de reconocer que hace tiempo decidí que ya no se me colaba nadie más, que las faltas de respeto que asoman la patita en momentos tan tontos como esos no hay que consentirlas. Así que, cuando alguien lo intenta, le digo: «Perdone, me toca a mí». Y sonrío. Pese a que la situación no me hace ninguna gracia.

-Planeta, de Susana Martín Gijón. Thriller con la misma fuerza de sus novelas anteriores, Progenie y Especie. Se trata de una lectura ágil que mezcla la novela policíaca con el ecologismo, la dureza de la vida de los policías con los sentimientos más profundos del ser humano. Para mí, es una escritora que siempre está presente en mi lista de novelas esperadas. Aunque en esta ocasión considero que hay muertes que no se deberían de haber producido, es una pena perder a personajes que todavía podrían dar tanto de sí.

 

A disfrutar!

 

 

 

 

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