Hay cosas en la vida que cobran un encanto especial cuando las ves en blanco y negro. Muchas fotografías son un claro ejemplo: retratos y paisajes adquieren una fuerza y profundidad sorprendente. El café granizado con una bola de helado de leche merengada, un tablero de ajedrez o de backgammon, una carretera en medio de la nieve o una pajarita sobre una camisa de popelín son otros ejemplos de ello.
Pero, si tuviera que decantarme por algo, lo haría por las letras del alfabeto, bien en Arial o en Times New Roman, a doble espacio o sencillo, desfilando sobre un níveo papel, son una de las cosas que más color puede dar a nuestra vida. Ese baile de fonemas, esa serpiente de grafemas o ese tren de signos gráficos consiguen que una mañana emborronada de nubes se convierta en una magnífica oportunidad para leer una historia que te aporte color.

