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La convocatoria para la firma de un libro en una librería es una magnífica oportunidad que brindan los libreros, los cuales ponen a disposición del autor su espacio y ejercen de anfitriones con hospitalidad y esmero. Pero también es una cita a ciegas para el escritor. Nunca sabe quién acudirá, qué intenciones tendrá ni cómo acabará la cosa. Ignora si irá mucha o poca gente, si les apetecerá leer ese género, si ya habrán hecho su elección de antemano… Lo que sí está claro es que el escritor acude lleno de ilusión, con sus mejores galas (los ejemplares de su novela) y con la esperanza de que haya buen feedback con sus interlocutores.

La verdad es que es un rato mágico en el que te reencuentras con conocidos y desconocidos a quienes trasladas tus impresiones, cuentas la sinopsis de la historia que creaste, lo que sentiste mientras tecleabas las palabras, cuando construías los personajes y les dabas voz, cómo fue la tarde de la presentación… Firmas unas dedicatorias que te salen del corazón, tienes un trato estrecho y directo que jamás imaginaste (al menos yo, que nunca pensé publicar)… Vives unos momentos gratificantes e inolvidables. Se establecen lazos asombrosos con los lectores porque, sin duda, son personas que comparten contigo tu afición por las palabras, por las historias, por los sueños, el arte, los viajes… Y es cierto que no hay nada que una con más fuerza que compartir una afición.

Hasta la fecha, yo he realizado tres firmas. Las tres fueron diferentes, pero igual de intensas e interesantes. Tan pronto me reencontré con amigos o amigas que hacía tiempo que no veía (esto del confinamiento nos ha provocado un distanciamiento espacial, que no sustancial, que está modificando nuestra forma de relacionarnos de una manera alarmante) como conocí gente a la que le movía y removía la misma pasión que a mí. Y lo bueno de poner tu email al final de una novela es que el lector puede contactar contigo cuando termina el libro y trasladarte sus sentimientos e impresiones. Intuyo que a los que no les gustó optaron por no decírmelo, pues todas las críticas que he recibido han sido muy emotivas. Me siento llena de agradecimiento y feliz por haber tenido la oportunidad de conoceros, de cambiar impresiones con vosotros, de que nos recomendáramos mutuamente libros y autores…

Así que desde aquí os agradezco de todo corazón vuestras cariñosas palabras y os animo a seguir leyendo, a seguir soñando… En definitiva, a seguir viviendo como lo hacíamos antes de que llegara este dichoso SARS-COV-2 y nos sacara de la circulación. Con un libro entre las manos podemos viajar por todo el mundo sin necesidad de pertrecharnos con incómodas mascarillas ni de pagar altos peajes debido a los contagios.

Vendrán tiempos mejores, eso no lo dudemos nunca; pero, mientras tanto, saquemos partido a lo que tenemos y no permitamos que nada ni nadie emborrone un solo minuto de nuestra existencia.

 

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