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LAS LECTURAS DEL OTOÑO

 

En este otoño que, más bien, parecía un verano en toda regla, continué con ganas de leer. Y lo empecé fuerte, con una novela de “una escritora” que siempre me entretiene. Tuve dos firmas, una en la Feria del libro de Murcia (donde coincidí con “los” Mola) y otra en la librería Fnac de Bonaire. Esas experiencias siempre llenan. Tomas contacto con los lectores, conoces sus opiniones, aficiones, preferencias… Desde tu mesa, también escuchas las conversaciones que flotan a tu alrededor. Estupefacta me quedé cuando una chica, cuya amiga afirmó querer comprarse un libró, preguntó: «Pero ¿tú lees?». La amiga la miró sorprendida y respondió: «Yo amo leer». Me identifiqué con ella. Pensé que, aunque no nos conociéramos, teníamos mucho en común. De presentarnos, podríamos charlar sobre títulos, autores, estilos… La sorpresa llegó cuando la amiga volvió a abrir la boca y aseguró: «No me fío de la gente que lee». Madre mía, yo no sabía si reír o llorar. Días después, esa frase todavía me daba vueltas en la cabeza. Me arrepentía de no haber metido baza en la conversación, de no haberle preguntado que había de terrible en la gente curiosa que disfruta de las historias que otros cuentan, que aman la cultura, los viajes, la vida… No nos fiamos de lo que tememos, de lo que nos supone una amenaza, de lo que puede sacarnos de nuestra zona de confort… Pero eso es, precisamente, lo que necesitamos: asomarnos al abismo, sentir vértigo, recular, o no, descubrir otras realidades y no temerlas, salir, entrar, subir, bajar… ¡Elige bien lo que vas a leer y solucionado!, le hubiera dicho de haber podido. Siempre hay un libro para cada persona y momento, y un buen librero seguro que dará con él. Y arriésgate, cruza ríos, sube montañas, bucea en lo más hondo del arrecife… Confía, date a los demás, arriesga, y si te fallan, peor para ellos. ¡Vive! ¡Vive! ¡Vive!

Esta vez he tardado en publicar porque me he mudado de casa, experiencia que supone un reto contra ti mismo, una contrarreloj; he tenido firmas en la Casa del libro y en la librería Imperio… Vamos, que no he parado.

Para despedir el año 2022, os voy a contar todo lo que yo (que, según aquella joven de la librería, debo de ser poco fiable), he leído durante este otoño.

Fiaros de mí, esta lista no os dejará indiferentes, vais a disfrutar.

-Las madres, de Carmen Mola. La mejor de sus novelas, para mí. Todas me han gustado, la verdad, pero con esta he disfrutado con la que más. La recomiendo porque engancha, tiene ritmo, es original, está bien hilada… Los amantes de la novela policiaca la vais a disfrutar seguro. Y encima, ¡continuará! Por suerte, hay Carmen Mola para rato.

-La mujer helada, de Annie Ernaux. No es un estilo de novela que me enganche, pero la recomiendo por su sabiduría. Es áspera, dura, pero refleja la realidad de muchas mujeres de otras épocas (o incluso de la nuestra), que comenzaron una relación con mucha ilusión y proyectos y se fueron convirtiendo en prisioneras de un futuro oscuro, helado. Más bien, diría congelado.

-La esperada lluvia, de Myriam Imedio. Premio Mont Marçal 2019. Interesante de principio a fin. Valencia, la Ruta de la Seda, una saga y sus secretos… Es de lectura ágil. Conforme pasas las páginas, la historia gana en intriga. La trama viaja en el tiempo y el lector lo hace en los sentimientos. El final pone cada pieza en su sitio y cada peón en su puesto.

-Decir adiós no es olvidarte, de Yago Gómez Duro. Tuve la suerte de asistir a su presentación en la librería Imperio. Acompañaron al autor Mamen Monsoriu, alma y sonrisa de dicha librería, y Carmen Villafuertes, novelista con alma de poeta a la que aprecio y admiro. Fue un encuentro muy agradable en el que pude descubrir que Yago escribe con brújula, es amable y familiar y va a dar mucho que hablar como escritor. La novela se lee volando. Alterna la narrativa con el estilo epistolar, lo que la hace muy ágil. Trata sobre la relación rota entre dos chicos que retoman el contacto dieciocho años después porque hay un secreto que los une. La curiosidad por descubrir ese secreto te arrastra por las páginas como si fueras por un camino cuesta abajo.

-Cómo hacer que te pasen cosas buenas, de Marián Rojas Estapé. Leer su libro es como asistir a una de sus conferencias: vas a terminar más feliz de lo que estabas antes de comenzar. Marián conoce el funcionamiento del cerebro como pocos. Nos explica que todo empieza con un pensamiento, que crea una emoción y esta, a su vez, provoca un sentimiento. Su libro de autoayuda que se lee en nada y te deja un regusto positivo que viene muy bien. Pensar que somos los capitanes de nuestro barco siempre da tranquilidad. Saber que podemos escoger el mare en el que navegar es liberador. Hay temporales que no merece la pena surcar. Marián nos da las pautas para convertirnos en avezados capitanes de nuestra vida.

-La tarántula roja, de Enrique Vaqué. Una novela negra interesante, bien escrita y que mantiene el tono hasta el final. De lo mejor que he leído últimamente. Basada en hechos y personajes reales, novela el crack de Bernie Madoff y la detención de la Reina de la cocaína… Transcurre entre Valencia, Nueva York, Méjico, la Costa Azul…, lugares que conozco y que me apasionan. No cuento nada de la trama porque recomiendo su lectura. La disfrutaréis seguro. Es un estupendo regalo de Navidad.

-Zodiac, de Silvia Sáez Espert. Novela juvenil. Aunque me sobran años para leer este tipo de historias, es cierto que me ha parecido que está bien escrita y que la historia es original. Discurre en un mundo dividido en zonas (Agua, Fuego, Tierra y Aire), con un control absoluto y dramático sobre los ciudadanos. Pero, me ha gustado su mensaje positivo. Como dice uno de los protagonistas: La gente buena brilla. Estoy de acuerdo.

Ahora ya tengo otra novela entre manos y me está gustando mucho. Ya os contaré.

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