El verano es una estación fascinante para mí. Nado y buceo más que nunca, pero no solo en el mar, ya que cuento con más tiempo para leer y escribir. Como no suelo padecer el calor, soy friolera por naturaleza, disfruto en la terraza o tumbada al sol con una buena novela entre las manos. Aquí os dejo una muestra de ello.
-Flores en la Kaaba, de Javier Beltrán Talamantes. Buena forma de conocer el Irán del Sah (un imperio convulso a la par que fascinante), así como la cultura musulmana. Cuenta con un código Qr que te remite a Spotify y te permite escuchar una música que te sumerge en el ambiente de esa sociedad tan distinta a la nuestra, pero tan igual en lo esencial. Está basada en una historia real, lo que para mí la hace todavía más interesante.
-Adiós, pequeño, de Máximo Huerta. Premio Fernando Lara. Impactante y valiente relato, a veces incluso crudo y desgarrador, que me ha parecido una catarsis del autor. Me atrapó de principio a fin. Me enterneció, me hizo revivir la soledad del hijo único, pero hubo momentos en los que me preocupó la sobreexposición del protagonista (y compañía); más por el cariño que le tengo que por otra cosa. Abrirse en canal da pie a que otros juzguen y opinen; mostrar las heridas nos hace vulnerables. También hubo párrafos en los que pensé: menudo peligro tenemos los escritores… Como planteaba Alba en El retrato de Clara: ¿tenemos derecho a desempolvar los secretos de nuestros mayores? Si han dormido durante años en un arcón, ¿quién nos otorga la potestad de sacarlos a la luz? Una vez más, Máximo demuestra ser valiente, dominar las letras y bailar con las palabras. Me impactó ya la primera frase: «Mi madre habría sido más feliz si yo no hubiera nacido». Me gustaría cambiarla por: «Mi madre habría sido más feliz si hubiera querido». Siempre hay un momento para rectificar, para emprender otro camino, para dar un giro a nuestra existencia. Nunca es tarde. Sobre todo, para ser feliz. Que lo seas, Máximo, y mucho, es lo que te deseo. Y a tu madre, también. La hipocresía nacional nos dejó sin un ministro que a buen seguro hubiera hecho mucho por la literatura, y por el arte en general.
-La librera de París, de Kerri Maher. Deliciosa historia sobre la vida de Sylvia Beach, destacada librera, con una gran visión, que creó un espacio en el que se reunían escritores de la Generación Perdida tan interesantes como Pound, Ernest Hemingway o James Joyce, a quien, además, editó Ulises cuando estaba a punto de ser prohibida. Describe con acierto el París de los años 20 y 30, su bullir intelectual y social. Despierta las ganas de visitar las librerías de barrio, de pedir consejo a los libreros y de leer historias que nos abren a mundos diferentes. Se lee en un fin de semana.
-Rewind, de Juan Tallón. Magníficamente escrita e hilada. Tan solo 216 páginas que se disfrutan y paladean de principio a fin. Tallón vuelve a reunir a diferentes narradores, cinco en este caso, que aportan su interesante punto de vista y enfoque sobre la historia. Muy recomendable. Es la segunda novela suya que leo y me declaro fan absoluta.
-El libro negro de las horas, de Eva García Sáenz de Urturi. Thriller, que como los anteriores, engancha de principio a fin. Un reencuentro inesperado, amantes de los libros antiguos que son capaces de cualquier cosa con tal de hacerse con un ejemplar, una fallecida que está viva… Muchos ingredientes que hacen de esta historia un libro que no puedes dejar de leer.
-Las doce llaves, de María Villamayor. Pese a tener 897 páginas, la leí en cinco días. Tiene una prosa muy ágil y lo mejor es que cuenta una historia, interesante, que gira en torno a las doce puertas de la ciudad de Valencia. Te despierta la curiosidad por nuestra cultura. Está muy bien documentada. He aprendido aspectos que desconocía de mi ciudad. Es una lástima que tenga erratas porque me parece un novelón, tanto por lo que sucede como por el trasfondo cultural e histórico. Seguro que leeré la continuación.
-El club del crimen de los jueves, de Richard Osman. Por primera vez, confieso que una novela me ha costado de leer. Tal vez no era mi momento. Al principio, se me hizo bola. Pero he conseguido terminarla porque va a mejor. Trata de unos ancianos de una residencia que, como hobby, investigan asesinatos no resueltos, hasta que sucede uno en su entorno. Pone en valor la sabiduría de nuestros mayores.
-El camino del fuego, de María Oruña. Novela sobre el paradero desconocido de la biografía de Lord Byron. Bien ambientada en Escocia, muy documentada, se balancea entre las novelas de Agatha Christie y las inglesas del siglo XIX. Hay intriga, historia. Alterna los capítulos que narran los sucesos actuales con los ocurridos dos siglos antes. Para mí, ese sistema funciona muy bien, siempre me deja con ganas de leer dos capítulos más.
-El caso Alaska Sanders, de Joël Dicker. Como todas sus novelas, engancha y mantiene el interés hasta el final. Policiaca de las buenas, de las que te llaman a leer, de las que te encariñas con los personajes, de las que tienen espejismos por todos lados.
-La isla más remota del mundo, de Myriam Imedio. Espectacular thriller psicológico. No conocía a esta autora y oí hablar de ella en la última Feria del Libro de Valencia. Me ha ganado como fan absoluta. Me leí la historia en tres días, y la disfruté. Transcurre casi toda entre Valencia y Alfaz del Pi, y yo, leyendo en Altea… Como sabéis, me gustan las novelas de intriga, pero tienen que tener chicha (psicología), y esta la tiene, y en cantidades. Ya me diréis.
-La noche sobre Canfranc, de Rosario Raro. Estupenda novela que, como la anterior (Volver a Canfranc), es muy recomendable. Interesante y tierna, sin duda, despierta las ganas de visitar Canfranc, de recorrer los andenes de su estación y de conocer a esos protagonistas que casi cobran vida. Rosario narra unos hechos muy interesantes (el paso por España de los judíos que huían del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial), pero, además, da forma a unos personajes de los que dejan huella.
¡Seguro que los vais a disfrutar!

