Hay días mejores y días peores; días soleados y días nublados; cielos despejados y cielos de tormenta, con nubarrones espesos y oscuros que amenazan con tronar y obligarte a salir corriendo. Pero yo, que soy optimista por naturaleza, siempre confío en que vuelva a salir el sol, que las nubes sigan su camino y se aparten del mío.
Este fin de semana el tiempo ha mejorado considerablemente: han subido las temperaturas, el cielo luce brillante y la alegría se ha apoderado de las calles. Vuelven las reuniones hasta las doce de la noche. ¡Qué ganas teníamos!, ¿verdad? ¡Cuánto nos gusta estar al aire libre! Libre de malos rollos, de preocupaciones y de agobios y, sobre todo, de coronavirus. Soñamos con un día en el que esta pandemia sea un mal recuerdo, una pesadilla que ya no duela, que se desvanezca en el recuerdo… A algunos les va a costar más, por lo vivido; o mejor dicho, por lo perdido, pero también lo conseguirán porque el paso del tiempo es lo que tiene.
Ese café con una amiga, ese paseo con tu pareja, esa comida en familia, esa canción, un baño en el mar, una buena novela, un rato de deporte, la Fe, la fuerza interior… Todas esas cosas que el COVID-19 no nos podrá quitar nunca son las que nos van a sacar adelante, la cuerda a la que podemos agarrarnos para salir a flote en el día a día.
¡Ánimo!, ya nos queda menos.

